miércoles, 1 de febrero de 2012

Mi tiempo

Desperté tras varios meses de letargo y afonía verbal, y no hubo nada. Todo seguía por hacerse. Mi mundo, mi escenario.

Pensé que había llegado tarde a mi propia vida. Cogí tanto impulso que creí retroceder. Me había escondido en el andén de mi tiempo sin advertir que el de los demás seguía en marcha; que el mundo seguía avanzando. Sin cederle treguas a nadie. Completamente ajeno a cualquiera de mis fantasmas.

No buscaba la comprensión de nadie, más que la mía, o eso creí. Cuando todo parece ralentizarse es porque necesitas espacio, pero la imagen del tiempo deteniéndose para nosotros es completamente ilusoria; él se nutre de ti, y no al revés. Reloj tajante e impasible. Nos tiene encorsetados hasta hacernos perder el aliento.

Puedo detenerme. Puedo frenar para enderezar mis pasos. Pero no puedo esperar que todo siga igual cuando vuelva a ponerme en pie.
Si bajas del tren tendrás que esperar al siguiente.

Sigo intentando acompasar mi tiempo con el tiempo. Sigo intentando reaccionar. Aunque a veces pierda el ritmo y crea no avanzar.
Si bajas del tren tendrás que esperar al siguiente, y probablemente tardará más de lo que tú querrías.

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