sábado, 1 de noviembre de 2014

De algún modo siempre he ido desacompasada. Siento que he vivido la mayor parte de las experiencias y procesos propios de la adolescencia de forma muy prematura o muy tardía. Recuerdo haber pasado por esa época en la que te preguntas quién eres realmente y empiezas a construir y asentar las bases de tu autoconcepto siendo muy niña, y sin embargo no empecé a tener el más mínimo interés -o curiosidad- por el sexo hasta que fui mayor de edad. Y aún a día de hoy tengo la impresión de que me salté alguna lección importante, de que con lo que respecta a las relaciones interpersonales me falta alguna pieza fundamental. Como si todo el mundo fuera consciente -aunque quizás a un nivel más intuitivo- de algo que a mí se me pasa por alto.

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