Hice de esta desazón mi razón de ser. Hago retrospectiva, y me pesa lo que puedo y no quiero entender.
Soy el trayecto que hace mi memoria. Un desdibujo de paisajes, nombres y ayeres que se enredan. Caminos desorientados.
Cuando cambio de destino no puedo saber si avanzo o retrocedo. No sé si es otro principio o un final. Al final la diferencia poco importa.
Me acostumbro a perder y a hacer de ello una victoria, a curtirme y encontrarme en la intimidad de mis derrotas.
Hay tiempos en los que olvido cómo recordar mi nombre. Pierdo meses en el calendario, pero siempre vuelvo.
Todo acaba, pero estoy conmigo. En el contexto doloroso y cambiante. En mis formas y tesituras inconstantes.
domingo, 1 de septiembre de 2013
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