miércoles, 22 de febrero de 2017

Dueles.

Dueles, como un frío afilado.
Como una cuchillada aguda, inesperada.
Como una frustración de años.
Como la resignación de toda una vida.

Dueles como la muñeca que perdí y nunca encontré.
Como mis cumpleaños llorando.
Como los treinta-y-unos de diciembre sola.
Como el profesor de primaria que dijo
que nadie me querría.

Como las décadas en terapia, las recaídas,
las reconciliaciones conmigo misma.
Las idas y venidas, mi fragilidad y mi resiliencia,
mi persistencia y mi apatía.

Como las contradicciones que me han tenido en vilo
y las canciones que ya no puedo escuchar.

Como cada daño, cada peldaño,
cada pérdida hasta encontrar mi norte.

Cada derrota hasta encontrar mi voz y
cada amago destructivo.

Dueles como todo lo que ha dolido.

sábado, 21 de noviembre de 2015

*

Voy tras la inmediatez vacía, las distracciones mudas, porque ya no soporto que mi propia voz me alcance. Hace tiempo que no escucho lo que tengo que decirme. Pero hay días en los que se acaban las excusas, las distracciones, las anestesias improvisadas. Hay días en los que me alcanzo y puedo verme. Días en los que no hay consuelo, no hay pretextos, no hay voces amigas. Sólo caída.

Fui a mi entierro y no estábais ninguno.

¿No será lo que siento, sin toda esta anestesia artificial,
el dolor proporcional, la reacción adecuada? Como un destello de lucidez.
Pero ya no soy tan mayor como era entonces.
Y sólo huyo. Me escondo bajo la cama, donde habitaban los monstruos.

Diría que soy como vosotros, pero mis males nunca fueron recreativos. Yo nunca tuve esa elección.

Hasta cierto punto curte y forja. Pasado ese punto sólo quema, sólo deforma.

miércoles, 15 de abril de 2015

Fuego mudo

Vuelven a llegar aquellos tiempos en los que ensancha el tiempo, aunque las esquinas no son como las recordaba y el color del paisaje es algo más vívido. No mucho, sólo un poco. Lo suficiente como para que no pueda compadecerme, aunque por momentos sigue pareciendo gris. Quizás es que no estoy regresando al mismo lugar, quizás es que no soy la misma que vino por última vez. Pero este peso que respiro es familiar. Quizás reminiscencia de lo que hubo, de lo que duerme latente, de lo que podría volver en cualquier momento. He estado aquí demasiadas veces, en este mismo rincón, pensando lo que estoy pensando ahora. La madurez sólo me otorga una falsa noción de experiencia, una falsa solemnidad. Como si esta vez estar aquí tuviera más sentido. Como si esta vez se tratara de alguna epifanía. Pero sólo es repetición. Aquí dentro tengo cien años. Es la misma mierda de siempre y ya no me va a enseñar nada nuevo.

Todos creen que hablo en sentido figurado.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Ausencia de Dios

He pasado más años de los que me atrevo a contar esperando que estuvieras al otro lado. Una niña pequeña que se ha hecho daño y busca a sus padres. No sé cuántas veces me quedé divagando, desdibujándome por las calles en invierno hasta que la luz las inundaba, esperando que esta vez fuera la última, con una extraña suerte de resignación y esperanza triste. Pero nunca hay nadie al otro lado. Nadie me traerá a casa.
Me perdía para que vinieras a buscarme. Pero siempre era yo quien tenía que sacarme las castañas del fuego y encontrar el camino de vuelta. Siempre era yo quien acababa vendándome, acariciándome los golpes, cosiendo cada brecha aunque me declarara la guerra a mí misma y quisiera abandonarme. Siempre era yo quien me levantaba del suelo cuando el frío me calaba los huesos, quien me obligaba a meterme en la ducha llorando y a regañadientes cuando no sabía cómo levantarme de la cama. Cuando cada segundo volvía a ser un día entero. Siempre he sido yo.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Retrospectiva

Me he ido rompiendo, curtiendo y endureciendo. Ha habido largos tiempos de letargo, en los que me he dejado caer sin oponer resistencia, impasible pero impaciente; en los que me ha podido la desidia, la somnolencia y este pesimismo que sólo es una forma elegante de indulgencia. Y ya no hay excusas para el cinismo adolescente, para esta autoflagelación que, para ser sinceros, sólo es autocompasión.
Me he encontrado odiándome y queriéndome, rindiéndome y venciéndome. Perdiéndome, sin saber dónde acabo y dónde empiezo. He tenido que perder. He tenido que coger impulso. He tenido que recorrer pasos que ya había dado antes, una y otra vez.

He ido a peor, he ido a menos, he tenido que retroceder.

Algunos lugares han olvidado su nombre, algunos nombres han olvidado su rostro. Prácticamente todo lo que una vez tuvo fuerza y sentido ha dejado de tenerlo, ha dejado de existir. Y lo que sigue ahí, sigue ahí porque respira, porque duele. Como una extremidad fantasma.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Secuelas

Esto no es lo mío. No es una mala racha, soy yo. Soy yo, que conozco cada centímetro de mis malos hábitos, mis contradicciones, mis defectos de fábrica. Mis pasos han memorizado cada una de sus calles, y nunca les pongo fin, probablemente porque nunca lo intento de verdad.
Siempre vuelvo al principio. Vuelvo a recrearme en mi desidia, mi melancolía indulgente y mis pájaros en la cabeza.
Nunca he sabido crecer, por ir desacompasada y a destiempo. No puedo ser adulta porque hay rincones en los que nunca he sido niña. Sigo siendo el mismo despojo de nervios que llegaba a casa llorando, y mordía. Va a mejor, se vuelve tolerable. Pero no cambia.

Tú me conoces. Y por eso sigues llamando, preguntando si estoy bien cuando nada parece indicar lo contrario.

A veces es fácil suponer que el proceso es líneal. Que no vas a tener que rehacer los pasos que ya has dado. Pero es circular. Y aunque estés mejor preparado, aunque el paisaje ya no sea el mismo, aunque Septiembre destiña y los nombres hayan olvidado su rostro, de algún modo siempre acabas regresando.

Siempre acabaré regresando.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Ambivalencias

Pierdo la noción de los días, las paredes, las voces. Sueño varias veces o ninguna.
Duermo cuando estoy despierta y despierto cuando me quedo dormida. Si acaso duermo, si acaso despierto. Dónde empieza y dónde acaba, si el techo se hace añicos y las horas me aprietan. Como una melancolía afilada, incisiva, impaciente. Silencios que ensordecen, pero ya no importa. Ya ni me molesto en descifrar las sombras. Deambulan las ideas, cansadas, quizás cabizbajas. Han pasado siglos desde ayer. Pero de algún modo persisten en su empeño. No me dejan despertar. Tampoco me dejan soñar.

sábado, 1 de noviembre de 2014

De algún modo siempre he ido desacompasada. Siento que he vivido la mayor parte de las experiencias y procesos propios de la adolescencia de forma muy prematura o muy tardía. Recuerdo haber pasado por esa época en la que te preguntas quién eres realmente y empiezas a construir y asentar las bases de tu autoconcepto siendo muy niña, y sin embargo no empecé a tener el más mínimo interés -o curiosidad- por el sexo hasta que fui mayor de edad. Y aún a día de hoy tengo la impresión de que me salté alguna lección importante, de que con lo que respecta a las relaciones interpersonales me falta alguna pieza fundamental. Como si todo el mundo fuera consciente -aunque quizás a un nivel más intuitivo- de algo que a mí se me pasa por alto.

sábado, 30 de agosto de 2014

El tiempo me alcanza, dejándome este espacio vacío lleno de reproches y desalientos. De todo lo que podría ser, todo lo que deseché por las excusas del momento. Lo que no tengo y arrastro por su ausencia. Gasto tiempo intentando olvidar que estoy gastando el tiempo. Esta inmediatez vacía es mi anestesia mental.

Me decepciono a diario. Vuelvo, pero sólo vuelvo a medias.

domingo, 30 de marzo de 2014

Sturm der Wahnsinn

Tomas el nombre del vórtice, hondo y macabro, del fantasma que me ha arrebatado años de mi vida y ha intercalado meses en mis días. De esa parte de mí que me define, y define mis límites. Esa parte de mí que se enquista en mi garganta cuando muero, que toco al respirar. Que seguirá conmigo hasta que deje de hacerlo. Porque no puedo matarla sin matarme a mí primero.

Tú eliges una versión desinformada, reduccionista y glamurosa. De ese extraño glamour que desprende la miseria. No puedes ser un poeta maldito sin grietas en las costillas, así que intentas pintártelas.

Pero no conoces el precio. He intentado arrancármelo con mis propias manos. Cuando llega la ansiedad y tiñe las paredes de irrealidad. Llenando los vacíos de vértigo. Y la presión en la nuca.