Voy tras la inmediatez vacía, las distracciones mudas, porque ya no soporto que mi propia voz me alcance. Hace tiempo que no escucho lo que tengo que decirme. Pero hay días en los que se acaban las excusas, las distracciones, las anestesias improvisadas. Hay días en los que me alcanzo y puedo verme. Días en los que no hay consuelo, no hay pretextos, no hay voces amigas. Sólo caída.
Fui a mi entierro y no estábais ninguno.
¿No será lo que siento, sin toda esta anestesia artificial,
el dolor proporcional, la reacción adecuada? Como un destello de lucidez.
Pero ya no soy tan mayor como era entonces.
Y sólo huyo. Me escondo bajo la cama, donde habitaban los monstruos.
Diría que soy como vosotros, pero mis males nunca fueron recreativos. Yo nunca tuve esa elección.
Hasta cierto punto curte y forja. Pasado ese punto sólo quema, sólo deforma.
sábado, 21 de noviembre de 2015
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